Editorial: Los inicios del curso siempre son expectantes.

Mª Amelia Herrera Abril.

“¿Qué nos deparará éste?”, se preguntaban compañeros profesores los días previos al 15 de septiembre. “Que sea bueno”, decían algunos. “Pues sí, que sea bueno” afirmábamos los demás, convencidos. Parece que con eso nos conformamos, como si el adjetivo “bueno” (término que usamos continuamente, desde los primeros momentos del día hasta su final) fuera suficiente para definir un curso escolar.

¿Qué encierra la palabra “bueno” en ese contexto? ¿Un curso sin sobresaltos? ¿Buenas relaciones con los alumnos? ¿Con los padres? ¿Ambiente de trabajo con los compañeros? ¿Juntas de evaluación organizadas, efectivas, constructivas? ¿Reuniones motivadoras para un trabajo creativo? o ¿resultados académicos?

Quizás no sea tanto y sólo  pensemos en nuestros alumnos cuando afirmamos desear un buen curso, aplicándonos esa reciprocidad llena de empatía del “si tú estás bien, yo también”. Quizás un jefe de estudios vea en ese “bueno” tiempo para innovar, para transmitir a los departamentos inquietudes y no para tramitar sanciones, por ejemplo. Quizás el director o directora de cualquier colegio o instituto, ponga en ese adjetivo su deseo de poder dinamizar un claustro. Y el representante de las familias en los consejos escolares anhele en saberse portavoz de muchos padres y madres de su centro y no de unos pocos.

Sea lo que fuere, en ese engranaje poderoso que inicia su marcha inexorablemente en una fecha fijada, nadie desea de lo bueno, lo mejor; simplemente, lo bueno, que ya es. Y no es nada fácil, pero si lo fuera en algo, nos lo harían más complicado. El director dedicará gran parte de su tiempo y su profesionalidad a gestionar un centro burocratizado, evaluable y evaluado. El jefe de estudios a cuantificar datos. El tutor a registrar y dejar evidencias de todo aquello que dice hacer. Nosotros a evaluar alumnos de 1º en Primaria y Secundaria para hallar talentos (¿necesario?)….Y así todos porque así ha de ser, por un contagio de la sociedad actual en la que sólo parece existir lo evaluado y registrado, lo medible y cuantificable, sin ser conscientes de que  todo lo evaluado, acaba siendo, en un momento o en otro, devaluado.

Este curso debe ser un curso bueno: los centros se rigen por sus nuevos proyectos educativos; cambia la organización, surgen novedosos grupos de coordinación que han de saber asumir su cometido integrador, coordinado, creativo y, si se puede, innovador. Es la oportunidad de recuperar una escuela que personalmente considero perdida en el maremágnum de datos, cifras, procesos evaluadores y agencias de evaluación. Nuestro esfuerzo, nuestro empeño, nuestra ilusión han de estar puestos en el trabajo creativo y en equipo. Que sea ésa la causa de nuestro cansancio –cuando llegue y si llega-  y no otra.

Es el momento de reflexionar sobre lo que queremos para nuestros institutos, para nuestros colegios, para nuestros alumnos y para nuestros compañeros, sin caer en el error de mirar desde fuera: lo que deseamos para nosotros  es lo que transmitimos; configuramos, junto a todos los demás, nuestro propio “centro”.

Esperemos un año. Y sí, porqué no, este curso seguro será un curso bueno, muy bueno para todos.

Mª Amelia Herrera Abril – Orientadora IES Sta Bárbara – Málaga

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Galería | Esta entrada fue publicada en Revista 13 - Noviembre de 2011 y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Editorial: Los inicios del curso siempre son expectantes.

  1. aosma dijo:

    Esclarecedor. Muy bueno. Estoy totalmente de acuerdo

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