Montando una biznaga: comentarios a las conclusiones (jazmines) de una tesis sobre el perfil profesional de los y orientadores y las orientadoras

María Luisa Rodríguez Moreno.

Ana Cobos me pide una contribución para la revista de AOSMA que paso, con gusto, a redactar. Me ha parecido interesante comentar, someramente, algunas de las conclusiones de su tesis doctoral, porque conectan con la más rabiosa actualidad de la orientación en nuestro país.

Perdonaréis si mi discurso peca un poco de pesimista, pero la verdad es que como llevo 46 años luchando por y esperando la institucionalización de la intervención orientadora en España sin conseguirlo de una manera fehaciente, no veo un futuro muy cierto. No obstante me he distinguido, como sabéis, por mi actitud esforzada en pro de que nuestra juventud pueda disfrutar de la orientación y para ello he escrito muchos libros y he recomendado muchas herramientas. Como ya sabéis, el tema de la tesis de Ana fue el perfil profesional de los profesionales de la orientación.

Ana se centra en un primer momento en la identidad profesional de los orientadores; dice que es un “asunto pendiente” y lo conecta con el perfil profesional. De hecho, yo, pragmáticamente, creo que un perfil profesional sólo es operativo social y laboralmente si va ligado a un Colegio profesional que lo defienda, lo promocione y lo incluya en los listados oficiales de profesiones cualificadas de los Ministerios y de las Consejerías de Trabajo. Todo perfil que no esté subsumido en un grupo organizado que lo defienda es papel mojado. Muy bueno para crear programas de formación en diferentes titulaciones universitarias; pero ineficaz e inexistente si no está homologado por los institutos nacionales o autonómicos de las cualificaciones profesionales. Justamente la alta cualificación que se consigue en España en las carreras que habilitan para la función orientadora, hace más difícil que las Administraciones lo acepten (razones para este rechazo, ya sabéis, hay muchas).

Ana también arguye en su segunda conclusión que la formación inicial resulta insuficiente. Yo diría que esto depende mucho de las diferentes universidades españolas. Un par de ellas fueron pioneras en el establecimiento de los currícula de orientación y tienen una formación inicial muy aceptable y de alta calidad profesionalizadora (como anécdota ilustrativa, recuerdo que, por ejemplo, en Barcelona, en los años 70, hasta otorgábamos un Diploma, firmado por el Rector, de Especialista en Orientación Profesional); otras universidades se fueron añadiendo al tren una vez estaba en marcha y tardaron más de 20 años en ponerse al día. Hay muchas diferencias cualitativas en ese aspecto, que, de hecho pueden ser subsanadas con facilidad si los planes de estudio se consensuan con otras titulaciones. Tengo muchísima documentación sobre las sucesivas implantaciones de diferentes planes de estudios, hechos con muchos esfuerzo desde los años 70 y que demuestran el ímprobo trabajo y reuniones nacionales hechos continuadamente hasta la actualidad.

En lo que estoy más de acuerdo con Ana es que las trayectorias profesionales, por su diversidad, dificultan conseguir un mínimo de rasgos identitarios comunes. Pero esta dificultad en hallar un hilo conductor se solucionaría teniendo más en cuenta las funciones a realizar que las titulaciones de donde se proviene. Por ejemplo, en muchos países europeos no es preciso que los orientadores tengan carreras psicopedagógicas (cosa que, para nosotros, es un poco escandaloso). Pero sí que han de desarrollar las funciones que la Administración requiere y cumplir los objetivos de una orientación ya estatuida y consensuada a nivel estatal con sus conexiones con las tendencias de la euroorientación. También habría que definir qué es la calidad y establecer los indicadores pertinentes. Aspecto éste harto difícil.

Respecto a la implicación de los profesionales de la orientación, realmente sí que es un rasgo definitorio de su perfil, como lo es el hecho de que luchan por ser aceptados en el sistema educativo. En realidad su actitud vocacional, positiva, es la que hace que en ciertos círculos y en centros con inercias conformistas las actividades de orientación suenen más a una amenaza que a una solución. Esta idiosincrasia de cierto estatus docente es, justamente, la que impide aceptar e integrar las innovaciones y las ideas progresistas de la orientación. Aún así, es cierto que el afán innovador ha sido aprovechado, en muchos momentos, por la misma Administración. Pero siempre en base a actividades voluntaristas y de buena fe. La aceptación de las innovaciones no ha sido premiada con el aumento del prestigio de la labor orientadora o de otras formas.

Este afán innovador, de constante lucha con y contra lo estatuido no está, efectivamente, acompañado de condiciones cada vez mejores en las infraestructuras, en las dinámicas y en las facilidades. Es como si ciertas Administraciones estuvieran algo sordas y algo ciegas al evaluar los resultados de las intervenciones orientadoras. Muchas de ellas, dicho sea de paso, hechas para solucionar problemas urgentes, que entran en los centros como en aluvión tanto al principio del curso como en cualquier otra época del año. Ana cita que en la época de los SOEVs (iniciados en 1977) había solamente 3 profesionales por provincia. Efectivamente. Aún recuerdo que en un congreso de la AIOSP, en Atenas, en 1979, nos preguntaron: “¿Trois conseillers en Espagne, par province?” “Vous voulez dire trois mille conseillers, ¿no?”. No se acababan de creen esa cifra tan ridícula que todos nosotros, cómplices, aceptamos sin chistar. De hecho, somos culpables de culpabilidad, como decía un personaje en una de las películas de Ingmar Bergman.

Ana en su tesis se ha lanzado a algo que nadie había hecho. Homenajear a los profesionales que la precedieron. ¡Una maravilla de conclusión! ¡Nunca visto en los anales de la defensa de sesudas Tesis Doctorales! Es cierto que innovaron más que nadie, pues abrieron la orientación a nuevas dimensiones (escuela inclusiva, personas con discapacidad, personas adultas, etc.) contando siempre con los mínimos medios. Ello ha dado lugar a que se vaya reivindicando la orientación a todos los niveles del sistema educativo y ya, poco a poco, progresivamente, va entrando en las universidades y se va definiendo la entrada de la educación para la carrera -como sensibilización- en los niveles preescolares. Precisamente este interés hace muchos años que ya caló en los Estados Unidos de la mano de Kenneth B. Hoyt y en nuestra vecina Portugal ya se incide en diversos readings de los últimos años en la necesidad de abrir el mundo del trabajo a la sensibilidad de los párvulos Pero como afirma Ana Cobos, queda mucho camino por recorrer.

No creo que se precise más profesionalización sino más apoyo estructural y más voluntad política para aceptar definitivamente el valor educativo y económico de la orientación (sobre todo de la orientación profesional). Las leyes educativas se han de centrar en nuevos tríviums y cuadriviums más estables, más sólidos y menos cambiantes a tenor de las ideologías políticas del partido que gobierna. El partidismo está haciendo mucho daño al sistema educativo.

María Luisa Rodríguez Moreno.

Universidad de Barcelona

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Galería | Esta entrada fue publicada en Revista 14 - Abril de 2012 y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.