Reseña sobre la conferencia de Rafael Matas Vázquez “Intervención con niños y adolescentes” Málaga 5 de junio de 2012.

Antonio Martín Carrera. Rafael es licenciado en Psicología por la Universidad de Granada, ejerce como psicólogo Clínico en la Unidad de Salud Mental del Hospital Regional Carlos Haya con sede en el Materno, Terapeuta familiar y supervisor docente de dicha unidad. Persona con dilatada experiencia cuenta en su haber con más de 27 años de experiencia en el campo de los trastornos psiquiátricos en  la infancia y adolescencia.

Centra su charla en la realidad actual haciendo un análisis de los modelos parentales frente a la educación de los hijos. En este sentido se ha pasado de un modelo sobre tres ejes fundamentales:

Pensar: ¿qué está pasando hoy día?

Saber hacer: estrategias de relaciones personales

Nuevas realidades clínicas

Hoy día nos vemos inmerso en una sociedad en la que el niño, que era objeto de cuidado y cuyo objetivo era su control mediante patrones jerarquizados basados en el autoritarismo y con límites claros y concretos, a unas desresponsabilización donde el objetivo es la felicidad, el niño es sujeto de derechos y los sistemas  de relaciones  se basan en establecer límites ambiguos, carentes de autoridad y demasiados flexibles. La adolescencia ha pasado de ser una etapa del ciclo vital a un modo de ser donde nos instalamos definitivamente hasta el extremo de que podemos hablar de “adultescencia”. Bajo este prisma tenemos que partir de que la experiencia clínica debe analizar el contexto.  Dicho contexto determina el tipo de infancia y adolescencia junto con el modelo social  que es el caldo de cultivo de las alteraciones que nos encontramos en la clínica. Tenemos que entender que los problemas de niños y adolescentes se producen dentro de sus contextos, se tendrá que salir del enfoque de enfermedad para situarnos en un enfoque contextual. El síndrome está relacionado con la cultura que le da sostén, por ello tenemos que buscar en  dicha cultura, no sólo en la genética o la crianza.

Hoy día los iguales han sustituido a las figuras de apego  y por tanto los vínculos de apego no se consolidan, se enfrentan al mundo de sus iguales “o eres idéntico al grupo o no formas parte de él”.    Ser distinto puede tener consecuencias irreparables para el joven. Se premia el aparentar, el simulacro.  Es vital hacerse con un prestigio social y por tanto ser fiel a sus reglas y valores, o al menos aparentar serlo. Hoy existe toda una industria del ocio dirigida hacia una población cada vez más joven que tiene como objetivo el  introducir más precozmente a los jóvenes pre púberes en el mundo de la adolescencia, que ya existe como segmento de mercado, para incorporarse a ese mundo artificial dirigido a obtener beneficios.

Dentro del enfoque psicosocial , cada persona parece reaccionar de un modo   idiosincrásico siguiendo ciertas guías culturales para la expresión de su sufrimiento, existe un número indeterminado de posibilidades de sufrir, sentir, amar, o ser y todas ellas se encuentran en la cultura.

Dicho de otra manera, los trastornos mentales siguen guías de expresión legitimadas por la cultura en  que se contextualizan. Para entender las patologías debemos tener en cuenta dos tipos de procesos, por un lado procesos de subjetivización basados en la incertidumbre, la inestabilidad y desconfianza hacia el mundo adulto, y por otro procesos relacionales  basados en la falta de soportes a nivel vincular e institucional.

Las nuevas patologías  en la infancia y adolescencia podemos encuadrarlas dentro de cuatro bloques representativos:

–          Hiperactividad: trastornos de conducta, inquietud excesiva, impulsividad..

–          Trastornos de la conducta alimentaria: bulimia, vigorexia, ortorexia, anorexia, etc.

–          Comportamientos violentos: bullying, violencia doméstica.

–          Ciberpatologías: ciberbullying, “hikimori,” aislamiento voluntario, etc.

Actualmente hemos sustituido el concepto de voluntad por el de motivación y atención, la cultura del consumo nos empuja a conseguirlo todo, YA, sin esfuerzo, es patente la necesidad de satisfacción inmediata. Hemos olvidado la cultura del esfuerzo. Dentro de este paradigma , debemos plantearnos: ¿existe un sobrediagnóstico de las emociones, se están patologizando?.

Hoy día, uno de cada diez niños en Estados Unidos es diagnosticado como hiperactivo, menores a los que se les proporcionan medicamentos derivados de las anfetaminas para que vuelvan a entrar en la “normalidad”. Estos medicamentos constituyen una ayuda para que los verdaderos enfermos hiperactivos puedan concentrarse, trabajar, clamarse, pero la tendencia ha llegado al extremo de que se les prescriba también a niños que son simplemente perezosos o problemáticos y que, realmente, no los necesitan. Se trata, en definitiva de un grave error de diagnóstico y en este sentido los orientadores/as jugamos un papel fundamental para detener esta avalancha junto a médicos y padres y madres. Debemos realizar un buena valoración del caso, realizar un buen diagnóstico diferencial y proponer medidas complementarias antes de recurrir a la siempre fácil ingesta de medicamento.

Los trastornos de la conducta alimentaria fijan su base en la sociedad de consumo, en una extremada  obsesión por la imagen, lo físico, todo un discurso social basado en la individualidad y la competitividad. La imagen corporal acarrea determinados trastornos  ya que se potencia la apariencia más que el ser. El cuerpo no se ve  conforme a los ideales estéticos impuestos. Cultura impregnada por la voracidad del mercado de consumo y del hedonismo: el culto al cuerpo y la delgadez como ideal de belleza.

La falta de límites, la desresponsabilización de las familias, el valor que se le aplica a la violencia a nivel social potencia que estos trastornos violentos hagan su aparición a edades más tempranas. Es fundamental una buena educación en valores, una adecuada consolidación de los vínculos de apego, de pertenencia al grupo y en definitiva, el trabajo conjunto familia, escuela, agentes sociales, etc.

Un campo novedoso y no por ello menos importante, hace su aparición de manera fehaciente , me refiero a las nuevas tecnologías y su uso por los niños y adolescentes.  Estas tecnologías potencian una nueva forma de comunicación, de creación de identidades que están provocando patologías muy concretas. El aislamiento de la sociedad normalmente comienza de forma gradual, antes de que cierren con llave la puerta de su habitación. A menudo se encuentran tristes, pierden sus amigos, se vuelven inseguros, tímidos y hablan menos. Frecuentemente son objeto de burla en el colegio, lo cual puede ser el detonante para su aislamiento. Eligen aislarse voluntariamente y de forma progresiva, cambian los ritmos de vigilia y sueño, los hábitos alimentarios y se convierten en los verdaderos dictadores de la casa.

En Japón se les conoce como “Hikikomori que significa aislamiento. Son adolescentes que rehúsan el contacto social, se encierran en su habitación durante  meses o años. Mantienen contacto con el mundo exterior solamente a través de la televisión, el ordenador o los videojuegos.

Como última reflexión, la charla fue amena e instructiva toda vez que incita a pensar,  al planteamiento de cuestiones que se dan por asumidas en nuestro quehacer diario: ¿qué podemos hacer desde nuestra posición?, ¿qué está pasando con las familias?…. Debemos buscar explicaciones útiles que ayuden a nuestros jóvenes a salir de su sufrimiento. No se trata tanto de curar como de dotarle de herramientas de afrontamiento y resolución  potenciando sus potencialidades y no centrarnos en sus déficits.

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