LOS HUEVOS DUROS DE LOS E.O.E.s

Manolo PS

 

 

 

Manuel A. Pérez Sánchez

Como persona, soy razonablemente cobarde. Como orientador, no me puedo permitir ese lujo. Siete cursos hace que me incorporé a un equipo de orientación educativa después de otros tantos en diversos departamentos de orientación de institutos de la provincia. Tiempo suficiente para reflexionar sobre el momento actual de la orientación en educación infantil y primaria. Y, dado que firmo como orientador, no puedo más que ser valiente.

Yo antes era muy nietzetiano y me parecía perfecto que cada uno se buscara su verdad. Pero varios trienos después trabajando en educación, abogo por la necesidad imperiosa de trabajar en equipo. Y si esto es importante para un colegio o un instituto, es indispensable para un equipo de orientación. Si bien parece que existe acuerdo en la fondo (hasta el décimo dentista del famoso anuncio reconocería la bondad del trabajo en equipo), no lo hay tanto en la forma. Desde los que piensan que trabajar en equipo consiste en dar los buenos días antes de encerrarse detrás de su ordenador hasta los que solo trabajan en equipo en la medida que se haga lo que ellos quieren hacer. En efecto, hay gente de una pureza extrema, solo le gusta lo que encaja con lo que ya conocen y ya hacen. Yo lo tengo claro: para mí supone exponer los puntos de vista de cada persona y tomar la decisión que diga la mayoría. Sé que es un proceso laborioso pero efectivo y los mejores años de funcionamiento de mi equipo han sido con la premisa “solo, voy más rápido, en equipo voy más lejos”. De esta forma, las decisiones importantes (y todas las que afectan a nuestros niños y nuestras niñas lo son) se comparten y la opinión personal se enriquece con la de los demás. Este sistema permite que ante situaciones parecidas, la actuación de los miembros del equipo sea la misma, favorece el intercambio de opiniones y ayuda a las personas con menos experiencia, que van adquiriendo un repertorio de soluciones ante problemas cotidianos.

¿Por qué no se trabaja en equipo? Quizá las editoriales en vez de sacar tantos libros de autoayuda del tipo “Cómo convencer a los demás” deberían trabajarse algo del tipo “Cómo dejarse convencer”. O, mejor aún, incorporar a los contenedores de reciclaje que afean las entradas de los centros uno nuevo de un color por definir en el que todos los que trabajamos en educación dejáramos nuestro ego antes de entrar al trabajo. Aún a costa de que termináramos con todo el aparcamiento disponible… Favoreceríamos el transporte público.

Repito que es difícil, casi tanto como encontrar un orientador de EOE en la directiva de AOSMA. Como también lo son esas reuniones a las que aludía, especialmente cuando alguien monopoliza la palabra y, aparentemente, la razón, aún sin tener razones. O también cuando alguien parece un televisor con piernas, que nadie ha encendido y que está a todo volumen con el mismo programa.

Claro que para trabajar en equipo es necesario tener unas directrices claras y una coherencia desde arriba. No podemos esperar mucho de nuestros políticos, enredados en temas educativos en un penelopismo tal que las leyes educativas duran menos que la batería de los ordenadores que nos ha dado el equipo técnico. Esto tiene ventajas: si no nos gusta una normativa, no hay que preocuparse: es como el tiempo en Inglaterra que en cinco minutos puede cambiar. El problema surge cuando la política llega a lo técnico y esto está ocurriendo en nuestra provincia de un tiempo a esta parte. La sensación del “quedar bien” con todos y con todo puede llegar a provocar desconcierto. El que se supediten en ocasiones lo técnico por lo político y por lo político nos deja a los profesionales en cierta indefensión hasta el punto que pienso si no acabarán poniendo en la avenida de la Aurora dos puertas como las de una conocida franquicia de juguetes infantiles: una para las familias y otra, más achaparrada, para los profesionales.

Hablaba de directrices claras y de coherencia. Esto supondría protocolizar a nivel provincial. Una modalidad C, por ejemplo, debería ser igual en Estepona que en Nerja. El funcionamiento de los equipos debería ser similar. Sabemos que la normativa de orientación en educación infantil y primaria es escasa, anticuada y ambigua (el decreto que los regula es de…¡1995!). Pero eso es una cosa y otra que los encargados de hacer aclaraciones llamen al pan flish y al vino firulish… Los que hemos gastado nuestras dioptrías en las sucesivas respuestas a las consultas sobre las adaptaciones curriculares significativas, promoción y titulación saben a lo que me refiero.

Porque, ¿de verdad le preocupa la orientación en infantil y primaria a la consejería? Por qué no se ha añadido una sola plaza de orientador u orientadora a los equipos de orientación educativa de Andalucía en los últimos seis años? ¿por qué no se convocan plazas de nuestra especialidad en la oposiciones? ¿por qué no se debate el modelo de orientación? ¿por qué no se adapta la normativa? Recuerdo que cuando llegué a mi equipo éramos cinco orientadores y orientadoras para una zona de dieciséis colegios públicos y diecinueve concertados. En la actualidad, tenemos tres colegios más, con un incremento mayor de unidades (alguno de los colegios eran solamente de educación infantl y ahora llegan a sexto y con hasta tres unidades). Se ha incrementado profesorado de matemáticas, lengua, educación física… hasta de religión. Pero seguimos siendo cinco, ¡cinco! los orientadores y orientadoras del equipo. Además, cuando se han inaugurado esos nuevos colegios se ha repetido hasta la saciedad la dotación de aulas de psicomotricidad, idiomas, informática, profesorado, AMPA… sin que se haya previsto un sitio para el equipo de orientación. Como en los centros con edificios antiguos, seguimos trabajando en la sala de las escobas.

Además, desde entonces las funciones de los orientadores y orientadoras, lejos de disminuir, han aumentado. Recuerdo una celebérrima película de los hermanos Marx en la que uno de los hermanos iba pidiendo a cada momento más huevos duros. Algo así pasa con nuestras funciones: no hay decreto, orden o instrucción que no nos agregue algo más que hacer. Somos algo así como los hombres-orquesta de la educación, al que se recurre cuando no se sabe muy bien a quien recurrir. Y mientras nos levantamos todas las mañanas preparados para lo urgente (evaluaciones-informes-dictámenes) al llegar a los colegios nos encontramos con un tema nuevo en el que tenemos que hacer de apagafuegos. Y a la vez, sacar tiempo para culturas emprendedoras y demás en una suerte de reuniones, actuaciones diversas o engorrosos listados burocráticos que engrosan memorias provinciales. Porque, eso sí, el número de jefes sigue aumentando, como en el chiste de la cruz roja y los camilleros. Saliendo una mañana del edificio negro escuché cómo un visitante le preguntaba a un guardia jurado cuántas personas trabajaban allí, a lo que el segundo le contestó “la mitad, más o menos”.

El caso es que, a pesar de todas las dificultades, la orientación en infantil y primaria sigue adelante. Y en dos niveles: lo que se ve desde fuera, el sistema, se mantiene gracias a que una nubecilla de elegidos mantienen la temperatura constante abriendo y cerrando válvulas. Mientras, desde dentro, la mayoría de los orientadores y orientadoras de educación infantil y primaria sacan adelante todo su trabajo con esfuerzo.

No quiero pasar por pesimista: más bien, siguiendo a Musil, quiero ser un optimista que piensa que protestar pueda servir de algo. Pero tengo que rendirme a la evidencia: la fortaleza de los inconvenientes de ser orientador en un EOE es inversamente proporcional a la fortaleza de sus ventajas.

Por todo eso, los orientadores de infantil y primaria estamos divididos: unos optan por el apaga y otros por el vámonos. Yo soy de esos y el curso que viene volveré a un departamento de orientación.

Manuel Alberto Pérez Sánchez es Orientador Escolar y ha trabajado de profesor y de orientador en educación infantil, educación primaria, educación secundaria y bachillerato. Actualmente, es el coordinador del Equipo de orientación educativa Málaga Este.

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Galería | Esta entrada fue publicada en Revista 18 - Mayo 2014 y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.